Volver a volver

Entrega de ayuda del Proyecto de Apadrinamiento de familias

Un año y 3 meses han pasado. A veces cuando pienso en este año atrás, no acabo aún de ser consciente de todo lo que ha supuesto en nuestras vidas.

Ha sido un año complicado en todos los rincones del mundo, en muchos hogares, en muchas familias.

Desde España, aún nos cuesta acostumbrarnos a esta nueva realidad, en la cual se nos priva de movernos, de entrar y salir a nuestro gusto, de disfrutar de un buen cumpleaños con tus doscientos colegas, de bailar en antros, de estudiar como siempre, de ir al gimnasio cuando nos apetece sin confirmar que tenemos un hueco para nosotros, de viajar, de abrazarnos, de besar…

Y entonces llega el día en que puedo volver a Debre, porque a pesar de que aunque ahora mismo volar y llegar a tu destino, signifique superar las 12 pruebas de Asterix, nos sobraban motivos para intentarlo, para volver a volver.

Así que acompañada de Ali y con la misma ilusión y ganas de siempre, llegamos a nuestra segunda casa: Etiopía.

Y zás, la realidad en la cara. La maldita realidad del otro lado del mundo en nuestros ojos. A menos de un metro y medio de distancia. Sin mascarilla. Sin protocolos. La vida tal y como es con un Corona que ha llegado para quedarse mucho tiempo y que está hundiendo a tantísimas familias.

Este blog iba a ser para compartir con vosotros las sonrisas recibidas en la entrega de ese material escolar que repartí entre los 100 peques de la guardería, gracias a todos los fondos conseguidos en mi regalo solidario que hice a través de FB. Esto así ha pasado y queda pendiente contároslo, pero ahora mismo me quedaría a medias en cuestión de transmitiros TODO lo que quiero transmitiros.

El corona, como entre los etíopes llaman a este maldito virus, llegó y no solo salpicó si no que empapó el día a día de nuestras mamis, peques y amigos del barrio.

Ellas, que viven al día, se quedaron sin ese día, sin poder vivir de lo trabajado durante el día. Muchas de ellas viven de lavar ropa o cocinar para otros, de vender alimentos en la calle, de trabajos de construcción por horas…Sin ningún tipo de contrato. Sin seguros. Sin Seguridad social, sin paro, sin ertes, SIN NADA.

Etiopía estuvo bajo un estado de emergencia para contrarrestar la propagación del virus desde abril hasta septiembre del 2020.

El país estuvo totalmente parado durante cinco meses. CINCO.

Si el pais se para, ellas también, sus hijos también y sus madres también.

Consecuentemente a esto, muchas mamis han dejado de pagar los coles de sus hijos, y estos han podido ir hasta que los directores no han podido permitirselo más. Si los niños no pagan, no hay dinero para pagar a profes, y así un bucle feo comienza.

Ali y yo nos hemos encontrado como alguno de los peques del barrio, en medio de su jornada escolar, se nos derrumbaban y con lágrimas nos explicaban que llevaban dias sin poder llevar nada de comida al cole.

Sumado a esto, sus mamis desesperadas piden ayuda para que al menos puedan seguir pagando su alquiler y de este modo seguir teniendo un techo donde dormir toda la familia.

Zás, la realidad más dura en nuestros ojos. Miradas de confianza, lágrimas de desesperación, abrazos de esperanza. Eso nos hemos encontrado a nuestra llegada a nuestra segunda casa. Porque desde hace diez años, en el barrio de Pilot, en Debre Zeit, se conoce el trabajo de Denaderu. Y gracias a la vida que me ha dado tanto, hay momentos que uno llega al sitio que llega cuando tiene que llegar y así con cabeza y corazón y sobre todo mucho corazón hemos ampliado el programa de escolarizaciones y de apadrinamientos de familias en estos días, haciendo números para aprovechar hasta el último céntimo que recibimos de ayuda. Y por supuesto hemos repartido comida a familias, con un único fin: que los niños volviesen a comer.

Os puedo asegurar que nos encanta exprimir los segundos y así hemos hablado, escuchado y aprendido de: directores de coles, profes, salesianos, jóvenes, animadores, coordinadores de proyectos, dueños de negocios locales, madres, abuelas, padres y de cientos de peques.

Porque entre todos vemos cómo y de qué manera tenemos que seguir nuestro camino.

Hemos llegado de nuevo con mucha fuerza para afrontar todo lo que nos encontramos. Aunque en realidad nunca dejamos de irnos. Sin embargo esta vez, os necesitamos a todos más que nunca con nosotras.

Necesitamos vuestra ayuda, porque de toda esta situación no se sale de manera individual. Porque si a ti te pasa aquí, tienes a alguien ahí. A tu lado. Y es que todos tenemos derecho a poder vivir. No al día, sino simplemente a vivir.

Quería deciros que seguimos, que seguimos compartiendo esto de vivir ahora más que nunca. Que vosotros, nuestra familia de socios que ayudáis mensualmente a muchas familias, sois imprescindibles.

Que cada euro de cada teamer donado, hace que se convierta en plátanos. Y que esos plátanos son la pequeña pero gran diferencia de que en muchas ocasiones, un peque coma o no coma algo en el día.

Que cada evento que haceis para ayudar a Denaderu, cada acción y aportación de material deportivo, ropa o donaciones en general, hacen que simplifiquemos situaciones complicadas allí.

Que cada articulo de cuero que compráis y mostráis de nuestra tienda de Selamderu, impulsa que jóvenes y mujeres se empoderen y crezcan a nivel personal y profesional.

Que cada publicación, story y post que compartis en vuestras redes, nos ayuda a seguir adelante, siendo más, llegando más lejos, ampliando la familia de Denaderu para poder llegar a más familias allí.

Tras esta vuelta me he dado cuenta de que soy inmensamente afortunada por poder vivir esta pandemia de la manera que la estoy viviendo aquí, en España. Tengo todo lo que necesito.

Vamos a seguir luchando por cambiar un poco las cosas, por hacer más fácil la situación complicada de tantas familias, por apoyar derechos fundamentales como son la educación y la nutrición de cientos de niños.

Os comparto los abrazos eternos recibidos de tantas mamis y de los peques. Sus sonrisas, su energía, su vida.

GRACIAS infinitas por haber llegado hasta aquí.

Sigo contando contigo para el camino que nos queda.

Ele

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